Docilidad interior y testimonio
La Parábola del Sembrador

El Evangelio de este domingo lejos de ser tomado como una mera alegoría de la acción del sembrador, debe ser reconocido como reflejo de lo que sucede en nuestra Iglesia, hoy más que nunca. Las semillas esparcidas por todos lados que contienen el Reino de Dios, Reino de alegría y de paz, de serenidad y felicidad, no germina en todos los terrenos, pues la gran cantidad de propuestas de fe, de ocupaciones y preocupaciones, entretenimientos y tareas, hacen difícil que ellas encuentren un corazón dispuesto donde germinar, crecer y dar fruto, tornándolo portador de esa gran noticia que lo hace rebosar de auténtica satisfacción.


El Evangelio de este domingo lejos de ser tomado como una mera alegoría de la acción del sembrador, debe ser reconocido como reflejo de lo que sucede en nuestra Iglesia, hoy más que nunca. Las semillas esparcidas por todos lados que contienen el Reino de Dios, Reino de alegría y de paz, de serenidad y felicidad, no germina en todos los terrenos, pues la gran cantidad de propuestas de fe, de ocupaciones y preocupaciones, entretenimientos y tareas, hacen difícil que ellas encuentren un corazón dispuesto donde germinar, crecer y dar fruto, tornándolo portador de esa gran noticia que lo hace rebosar de auténtica satisfacción.
No obstante no solo es reflejo de lo que acontece en aquellos alejados de Dios, sino que se encarna en nosotros al reconocernos como hombres y mujeres con fortalezas y debilidades, luces y sombras, docilidad y cerrazón. Pues somos los cristianos participantes quienes a veces no nos dejamos interpelar por la Palabra como debiéramos, pocos son aquella tierra fértil donde la buena semilla germina sin problemas, somos mayoría quienes nos balanceamos entre las piedras y el borde del camino. La superficialidad cotidiana que no nos permite siquiera poder escuchar con atención y disposición interior el Evangelio, al mismo tiempo que tornarlo en un anuncio exterior en el testimonio concreto son una invitación a dejarnos penetrar por la Noticia que es portadora de las verdades relevantes de nuestro existir, y que poseen en sí el sentido de todas las cosas, aun de nuestra vida, a veces pesada y dura de sobrellevar.
Debemos confiar en la presencia de Dios en nuestra historia, en la comunitaria y en la personal, en la del país y en la de nuestras propias familias, que quiere cambiar la realidad de modo misterioso, no mágico, sino del modo en que solo Él sabe y puede hacer las cosas, en el momento en que quiere y de la forma que decida, solo es necesaria nuestra apertura interior para dejarlo germinar y fructificar.-

EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA

   
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