La parábola del trigo y la cizaña
PACIENCIA Y LIBERTAD: VIRTUDES DEL REINO


Uno de los males de nuestros días es la impaciencia, vivimos en un mundo apresurado, donde todo ocurre rápidamente: la información se actualiza a cada instante, las modas cambian tan pronto como nos habíamos acostumbrados a la actual, los valores “evolucionan” de acuerdo al momento histórico, la ciencia aporta nuevas teorías y soluciones a problemas que parecían no tenerlos. Así, los cristianos inmersos en el mundo, pues creer o vivir cual si estuviésemos separados es un error, pues peregrinamos en esta realidad esperando la futura, pero sin anticiparnos de sobremanera, ansiamos la manifestación del Reino de modo veloz. Nuestras categorías inmediatistas nos mueven a configurar la lectura que hacemos del mundo de modo rápido, y en casos superficial.


Los peones querían arrancar la cizaña que nacía entre el trigo, pero el Sembrador les advierte que esto es riesgoso para la vida de ellas, pues se corre el riesgo de destruirlas. Los cristianos tendemos a considerarnos el buen trigo que da fruto y manifiesta su potencialidad al mundo, y a aquellos alejados de la Iglesia como la cizaña. Un modo demasiado apresurado de leer la situación, deseamos quitar aquello que no se asemeja a nuestro modo de ser. Jesús afirma que la presencia del Reino es invisible a la simple vista, pues su fuerza de expansión es como la de la semilla de mostaza, y su fortaleza interior la de la levadura, que crece por dentro y por fuera solo se percibe su cambio sin comprender el cómo.
Sin embargo, la libertad siempre acompaña este proceso, pues el Reino no nos es impuesto sino propuesto, y es en el uso de nuestra libertad mas íntima donde dejamos lugar para que nos transforme o nos negamos a que actúe en nosotros. Su presencia y vitalidad no se manifiesta en el simple modo de ser externo, pues podría no ser auténtico, sino en su fuerza interior que se revela el mundo en el testimonio concreto, en valores tales como la tolerancia, la justicia, la misericordia.
Nuestra justicia no es la justicia de Dios que actúa con compasión y misericordia, al mismo tiempo que la presencia divina obra en cada uno de forma única y personal, por tanto situarnos en el lugar del trigo respecto de la cizaña responde mas a un deseo que a una realidad, pues como sabemos somos una mezcla entre trigo y cizaña, entre virtudes y bondades, y defectos y miserias, y debemos estar abiertos a la autocrítica no solo personal sino también comunitaria acerca de nuestro modo de comprender y manifestar el Reino, y nuestra coherencia de vida. Es un tiempo en el que optamos por buscar a Dios y ser testigos de su presencia en el mundo no por simple tradición ni imposición, sino con la convicción profunda y la libertad que nos da el sabernos amados.-
EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA

   
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