LA TEMPESTAD CALMADA
¿Se ocupa Dios de nosotros?

Jesús ora a solas, se separa de sus discípulos para dialogar con el Padre, en muchos momentos de su vida encontramos esta misma secuencia. Necesita de su Padre, necesita hablar a solas con Él, ¿tiene miedo?, ¿se siente tentado por el poder temporal al que sus discípulos quieren arrojarlo?

¿Se ocupa Dios de nosotros?

Jesús ora a solas, se separa de sus discípulos para dialogar con el Padre, en muchos momentos de su vida encontramos esta misma secuencia. Necesita de su Padre, necesita hablar a solas con Él, ¿tiene miedo?, ¿se siente tentado por el poder temporal al que sus discípulos quieren arrojarlo? Actitudes de un Jesús a quien poco le importan los cargos mundanos, se preocupa más bien por lo interior, el cambio prometido es de este tipo, si bien es comunicable.
Sus discípulos se asustan al verlo caminar por las aguas, no lo reconocen, también en nuestra vida de fe muchas veces no reconocemos a Jesús que nos interpela con su Palabra a cada momento, y de manera particular en ocasiones especiales. Pedro siente miedo al hundirse, su fe no es tan fuerte como para mantenerse de pie sobre las aguas, cree que todo depende de Dios por tanto deja de confiar en sí.
Esta idea a veces exacerbada de que todo depende de Dios nos lleva a abandonarnos de forma negativa, perjudicial para nuestra vida, pues nos dejamos caer en la tentación de la comodidad o de la subestimación de nuestras capacidades. Reza un proverbio que: “Haz todo como si solo dependiera de ti, y confía en Dios como si todo dependiera de Él”, es esta la actitud que debemos tomar ante las dificultades, ante las tormentas de la vida que parecen ahogarnos, ante los desafíos, cambios de planes imprevistos por fuerzas externas, ante el dolor y la enfermedad: todo depende de nosotros, aunque la oración es el medio para lograr una sana estima de nosotros mismos y de nuestras capacidades. Jesús no vino a liberarnos de nuestras obligaciones, sino a acompañarnos, guiarnos y darnos la fuerza para poder cargar con la pesada carga de nuestras adversidades.
Al mismo tiempo la fe no es un “seguro social” según el cual estamos exentos de que algo malo nos ocurra, o bien al que recurrimos para paliar la situación del momento cual si fuera un seguro contra adversidades, un Dios de bolsillo hecho a mi medida y al que puedo recurrir cuando lo necesito.
Dios está ahí, siempre, y está dentro de cada uno, siempre, nos cuesta reconocerlo, pues a veces nos asusta, pues interpela nuestra cotidianidad de manera especial, su venida ha sido para sacarnos de una fe infantil e inmadura, y conducirnos a una relación directa y dialógica con el Padre al igual que a la de él, conscientes de que Dios se ocupa de nosotros no reemplazándonos en nuestras obligaciones sino invitándonos a afirmarnos en nosotros mismos como agentes de cambio de nuestra vida, de la del prójimo y de las estructuras sociales contaminadas del mal.
La fe no es una garantía contra averías, no es brujería, no es magia, mucho menos se apoya en el éxito de nuestros negocios, sino en la redención que fortifica al hombre para desarrollar la vocación que le ha sido asignada, alcanzando así la felicidad y llevando a cumplimiento el proyecto que Dios pensó para cada uno y con el que colaboramos en la construcción del Reino.-
EMILILO RODRIGUEZ ASCURRA
emiliorodriguezascurra@gmail.com



   
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