Domingo XXIII
HUMILDAD Y ORACIÓN
“Considéralo como pagano o publicano”, la sentencia de Jesús respecto al pecador no arrepentido parece contradictoria frente a otros pasajes de la Escritura en la que come con publicanos y pecadores, o frente a las parábolas de la oveja perdida o la del hijo pródigo. Sin embargo la misma es aparente. Con esta enseñanza Jesús nos está interpelando en primer lugar a ser cristianos con capacidad de apertura, no encerrados en nosotros mismos, ensimismados, sino dispuestos a abrir las puertas a quien transita por un camino errado


La humildad que nos exige esta tarea es justamente la de tener paciencia y dar oportunidades a las personas para que cambien, modifiquen sus modos de comportamiento saliendo del pozo en el que se hallan, que pueden ser situaciones de adicciones, rebeldías juveniles, cerrazón al mensaje de Dios, etc. adoptando una actitud misericordiosa y atenta al momento oportuno en que debemos señalar el error a esa persona, pues la astucia, dice Jesús, entendiéndola como una virtud, debe acompañar la tarea de todo discípulo.
Esta tarea nos exige ser una comunidad, Iglesia, que tenga sus puertas abiertas, las del corazón, la de lo más profundo de cada uno, para acoger al desviado con amor y compasión. Ahora bien, esto no implica de ninguna manera ningún tipo de tibiezas morales a la hora de reconocer lo inaceptable, esto es justamente lo que Jesús quiere indicarnos, que si bien la esperanza de cambio nunca debe perderse para con una persona, tampoco deben adoptarse dos posiciones: la de aceptar las cosas como son sin discernirlas, o aun sabiendo que están mal; o bien cerrarnos al otro marginándolo y argumentando que no existen en él posibilidades de cambio concretas.
No a partir de parámetros personales es como decidimos lo correcto y lo incorrecto, lo aceptable y lo inaceptable, sino que es en el seno mismo de la comunidad en la que Cristo mismo se hace presente, donde se determina aquello que queda atado en la tierra y en el cielo y viceversa, ya no corresponde a una sola persona como en el evangelio en que ese poder le es conferido a Pedro, sino que todos como comunidad cristiana reunida en torno al Misterio es luz que ilumina y corrige con humildad, pero también con sana firmeza, pues en palabras del entonces Cardenal Joseph Ratzinger, hoy Beneditco XVI: “La bondad implica también decir no”
Una comunidad que no es un grupo de personas reunidas por decisión personal, cual comisión de un club, o de una cooperadora, aunque no puede negarse su legítima validez ni su honorable acción, sino que ante todo han sido congregadas, y esto las lleva a ser una comunidad de oración, una comunidad orante, una oración hecha comunidad, confiados en aquello que enseñaba Benito a sus monjes, como se dice en la introducción a su Regla: “Es que Dios posee, según el plan con que predestina, el poderoso medio de su gracia, para ayudarnos en lo que la naturaleza no alcanza; no sólo a apartar el mal, sino también a hacer posible el bien, la virtud (…). Dada la condición frágil y enfermiza del hombre” (“San Benito. Su vida y su Regla” BAC, Madrid, 1968 pp309)

EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / emiliorodriguezascurra@gmail.com



   
  Parroquia de Madre Admirable. Arroyo 917 Ciudad Autónoma de Buenos Aires. CP.1007 (011) 4393.3887 / 0137 by ILUSIONIDEAS