La Palabra de Dios de cada domingo
30 de octubre
Domingo 31º tiempo "durante el año"

¿Cuál es nuestra meta: Jesús o nuestra autorrealización egoísta?

“Haz lo que digo pero no lo que yo hago” dice un famoso refrán, que es de gran utilidad a la hora de reflexionar acerca de las lecturas de este domingo. A simple vista desde la de Malaquías, pasando por la de Pablo a los Tesalonicenses hasta llegar al Evangelio de Mateo parecería como si estuviesen dirigidas exclusivamente a los sacerdotes, pues en los tres textos se hace referencia a actitudes críticas y criticables de los conductores del rebaño, y en algún punto son reales, no obstante como Iglesia: cuerpo místico de Cristo en el que cada parte tiene un rol no menos importante la Escritura nos interpela a todos de igual manera.
Cuántas veces criticamos a los fariseos del evangelio, decimos no parecernos a ellos condenando sus actitudes; sin embargo nuestra fe muchas veces está contaminada de cierto fariseísmo, es decir, de cierta superficialidad, y nos invita a una autocrítica.
La liturgia de la Palabra de esta semana continúa la temática del domingo anterior y nos conduce a repensar nuestras prácticas rituales de fe y nuestra vida fe, es decir, a reevaluar nuestra coherencia entre una y otra, pues tenemos la tentación de ser cristianos de día domingo, es decir, legalistas, dogmáticos, ambiciosos respecto del lugar que deseamos ocupar como dignos merecedores dentro y fuera de la Iglesia, donde creemos se nos debe reconocer de modo especial por ser tales.
Jesús es materia de escándalo al afirmar que “el que se ensalce, será humillado, y el que se humille, será ensalzado”, pues atenta contra nuestra lógica mundana que nos hace creer que cuanto mas seamos ensalzados mas dignos seremos a los ojos de los hombres y que estos reconocimientos fruto del afán de prestigio y poder, son materia de nuestra felicidad. A la larga experimentamos un gran vacío y una pesada carga, la de la soledad, aun mas pesada que la que infligimos a otros, pues los cargos no son eternos, sino temporales y al cesar estos caemos en la cuenta de nuestra invulnerabilidad ante las cuestiones esenciales de nuestra fe y en definitiva, de nuestra vida espiritual, pues no hemos hecho el camino de seguimiento de Jesús, sino que hemos seguido nuestros propios deseos, y nuestra meta no ha sido Cristo sino nuestra propia autorrealización, hermana del egoísmo y de la fragilidad humana.
Hoy, los cristianos estamos llamados a ser esa voz firme, portadora de un mensaje de salvación auténtico, vivo y eficaz, que prefiere el último lugar al primero, pues desde allí se oye mas fuerte al trascender la lógica humana, es desde ese lugar desde donde el mensaje cobra mayor fuerza y vitalidad al hacerse testimonio concreto. El mas grande entre los grandes, Cristo, se hizo tan pequeño como para entrar en un pesebre, nos recuerda Benedicto XVI en la Verbum Domini; los cristianos de estos tiempos estamos llamados al diálogo, al compromiso desinteresado en un mundo secularizado que precisa de nuestro ejemplo mas que de nuestras palabras y dogmatismos para reconocer a Jesús nuevamente presente en medio de la historia, cercano a cada hombre y a cada mujer, creando vínculos de hermandad que superan el aquí y el ahora y no la jerarquización de cargos temporales.-





Emilio Rodríguez Ascurra
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