La Palabra de Dios de cada domingo
Solemnidad de Jesucristo, Rey del universo

Las metáforas de la lectura, del profeta Ezequiel, son fáciles de comprender por su contexto histórico, unos quinientos años a.C. La mala política de los pastores (los gobernantes), la violencia de grupos extremistas (machos cabríos) y una insanable división de clases sociales (ovejas gordas y flacas) había reducido al pueblo de Dios a ser esclavos del imperio neo babilonio. Dios instaura un juicio: condena la opresión del imperio, pero también les pide cuenta a los pastores, a los machos cabríos y a las ovejas gordas porque, por culpa de ellos, el desastre los arrasó a todos. Lo mismo narra el evangelio, pero ubicando el juicio al final de la historia. Ahora nos toca también a nosotros. Un juez, que no admite ulteriores apelaciones, dicta una sentencia sobre una sociedad entera. La sentencia se manifiesta en el gesto de la separación en dos grupos, o se pertenece a uno o al otro. Mateo define los dos grupos mediante la metáfora de las ovejas, personas humildes y solidarias, y los cabritos, personas rebeldes y violentas que han favorecido la muerte. El banco de prueba son las conductas de fraternidad negada o afirmada frente a las situaciones de extrema necesidad de la humanidad. Jesús sabe que fuera de él no hay camino de justicia y salvación para llegar al Padre, por eso se identifica con los seres humanos cuya supervivencia, en cualquier latitud, depende de los demás. Así, todo el mundo, independientemente de su fe, religión o ateísmo, puede encontrarse con él en ellos. Toda la escena es una metáfora escatológica, para enseñarnos que todo, en su sentido más esencial, se juega sobre la fraternidad como solidaridad concreta.

P. Aldo Ranieri

   
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