LA PALABRA DE DIOS DE CADA DOMINGO
DOMINGO II DE ADVIENTO

Nuestro don es signo de la venida del Señor.

En este segundo domingo de preparación a la venida del Mesías, del nacimiento del Hijo de Dios, el apóstol Pablo nos habla acerca de lo relativo que significa el tiempo para Dios, pues un día es como mil años, y nos sugiere el don de la paciencia como una de las virtudes de aquel que espera, no pasivamente, sino en camino, como el pueblo atravesando el desierto, según describe Isaías en la primera lectura.
Juan Bautista, el último profeta, que anticipa la llegada del Señor, se encuentra también en el desierto, momento previo al paso hacia la Tierra prometida por Dios, la cual no es tanto un lugar físico como una transformación radical e integral de nuestra vida. En nuestra propia experiencia de fe habremos atravesado momentos de ascética, es decir, de luchas y combates, de ayunos y privaciones por alcanzar algo mas grande, ese es nuestro desierto, el lugar hacia el que nos dirigimos para prepararnos al encuentro con Dios en nuestra vida. La llegada de Dios a nuestra tierra no es algo abstracto, mucho menos algo alejado de nosotros, sino un acontecimiento decisivo para nuestra existencia.
Es en este punto donde descubrimos la importancia de permanecer en el desierto de nuestros sacrificios sin que esto signifique que debamos permanecer allí para siempre, pues nos detendríamos a la mitad de nuestro crecimiento espiritual, sino conscientes de que estamos llamados a desarrollar el proyecto que Dios tiene para cada uno, del mismo modo en que lo hizo Jesús, quien no cumplió otra cosa mas que la voluntad de aquel que lo había enviado. Sin embargo, cuando nuestra espera se ve colmada de pura inmovilidad es difícil luego reconocer el paso del Señor por nuestras vidas; cuando esperamos activamente siendo luz para otros con los gestos mas sencillos y cotidianos, reconociendo nuestro don en y para el mundo es mas simple nuestro acceso a esta buena noticia que convierte nuestra vida superficial en profunda, contingente en plena.
“Cada hombre es algo nuevo en el mundo y debe llevar a cumplimiento su naturaleza en este mundo. Porque, el hecho de que esto no suceda, es lo que atrasa la venida del Mesías”, dice Martín Buber. Que en este tiempo de gloriosa espera sepamos reconocer nuestro don para los demás, que nos revelará el secreto de nuestra propia identidad y misión en el aquí y ahora, y que en el humilde pesebre de Belén alcanza su auténtico sentido.-

EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / contactoconemilio@gmail.com

   
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