LA PALABRA DE DIOS DE CADA DOMINGO
Domingo IV del Tiempo de Adviento

El heroico Sí de María.

A sólo una semana de revivir el misterio del nacimiento del Hijo de Dios, el evangelista Lucas nos propone el relato de la presentación del arcángel Gabriel a María para anunciarle que Dios la había escogido para ser la madre de su primogénito.
Misión que le fue encomendada a María desde toda la eternidad, desde el momento en que Dios la pensó y la creó, pues su inmaculada concepción es signo de que estaba en el plan de Dios que una virgen llamada María concibiera y diera a luz al Salvador. Allí se esconde el misterio del nacimiento del Mesías, al mismo tiempo que supera la lógica humana, pues frente a quienes esperaban una espectacular venida de Dios, él opta por la sencillez de una joven. Confía en que la respuesta a su llamado será favorable, pues María no fue obligada por Dios a engendrar a su hijo, sino que sin coartar su libertad llevó al máxima grado su fe con su heroico: “Hágase en mí tu palabra”.
Enseña san Agustín: Ciertamente, cumplió santa María, con toda perfección, la voluntad del Padre, y, por esto, es más importante su condición de discípula de Cristo que la de madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de Cristo. Por eso, María fue bienaventurada, porque, antes de dar a luz a su maestro, lo llevó en su seno... De ahí que María es dichosa también porque escuchó la Palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo... Y es más importante lo que está en la mente que lo que se lleva en el seno (Sermón 25, 7-8).
En esta semana que resta antes de la Navidad meditemos acerca del plan de Dios respecto de María, que no sin temores e interrogantes se entregó al venturoso proyecto divino, poniendo de relieve su afirmativa respuesta a la vocación que Dios le encomendó, la cual estará llena de alegrías, pero al mismo tiempo de sufrimiento, será quien acompañe en todo momento a Cristo aun en su Pasión, guardando y meditando todas esas cosas en su corazón, y luego estará junto a los apóstoles en el momento en que el Espíritu Santo prometido descienda sobre ellos fundando la Iglesia, hoy está junto a cada uno de nosotros diciéndonos: ¡No temas, estoy contigo!
EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / contactoconemilio@gmail.com


   
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