Cristo ha resucitado ¡Aleluya!
IVº Domingo de Pascua

Domingo del Buen Pastor

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 10, 11-18

En aquel tiempo, Jesús dijo:
«Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa. Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas.
Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí -como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre- y doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor.
El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla. Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre.»

Palabra del Señor.


EL OTRO NOS HACE LIBRES
El kerygma, término griego derivado del verbo kérysso, que significa anunciar, proclamar, es la tarea que emprenden los primeros cristianos desde Pedro en adelante, hasta llegar a nuestros días. Pues el anuncio de la muerte y de la resurrección de Cristo no se detuvo en el tiempo, no es tan solo un hecho histórico, sino un acontecimiento que con un misterioso dinamismo vuelve a suceder año tras año.
Todos estamos llamados a escuchar y ser portadores de este mensaje de Salvación, sin embargo no todos responden de igual manera. La libertad no es nunca condicionada por Dios para que lo sigamos: la invitación es libre, algunos se deciden a caminar a su lado y otros por su lado, es decir, “hacen la suya”. En los tiempos que corren la libertad ha quedado reducida a lo que en otro tiempo describiríamos como libre albedrío, como la posibilidad de elegir entre una cosa y otra, sin más.
Lejos de eso, la libertad tiene consecuencias, pues no es libre quien no elige el bien, quien no opta por el bien común sino por placeres de carácter egoísta. Quien elige en función de sí mismo no es libre sino esclavo de sus propios deseos. Podríamos pensar que lo contrario también es una forma de esclavitud, sin embargo no lo es, el bien como meta me libera de mi mismo, de mis pasiones y engaños, y me pone en relación con el otro, quien me libera. Escuchamos decir a Jesús: “Nadie me quita la vida, yo la entrego libremente” (Jn. 10, 11ss). En el don de la entrega es donde la libertad alcanza su más alto grado. La propuesta de Jesús a sus discípulos es clara: “el buen pastor da la vida por las ovejas”, no la guarda para sí, la entrega generosamente al otro buscando lo mejor para él.
La libertad no consiste, entonces, en elegir simplemente entre una cosa y otra sino en buscar el bien común como fin, las medias tintas no sirven para quien dice seguir a Jesús, los doble discursos tampoco, pues podremos aparentar aquello que no somos u ocultar lo que nos ensombrece, pero quedaremos al desnudo, como Adán y Eva, que se ha revelado encarnándose en su hijo, ha entregado su vida por nosotros y, resucitado, nos propone alcanzar los bienes eternos por sobre los temporales. Libertad implica un acto de nuestra voluntad, la cual debe ser educada, el testimonio de los buenos cristianos es la mejor lección; la escucha de la Palabra y la Eucaristía son el mejor alimento, y las buenas obras el más bello fruto.-
EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / contactoconemilio@gmail.com

   
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