UN DIOS SIN FRONTERAS
Jesús oye los ruegos de la cananea por su hija posesa, a la que Marcos llama griega, no por ser esta su nacionalidad sino por pertenecer al mundo de los gentiles que en aquel entonces se reconocía de acuerdo a esta cultura. La respuesta de Jesús es fuerte: “No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos”, reconociendo a algunos como legítimos herederos de la Salvación, los judíos, hijos de la Alianza quienes esperaban la manifestación mesiánica, y utiliza un término frecuente en el mundo judío, perros, para referirse a los paganos, los “sin religión”, aunque lo hace en diminutivo, perritos, lo que suaviza su expresión.

No obstante ésta respuesta, la mujer insiste hasta afirmar: “Sí, Señor”, reconociéndose como un “perrito”, como una “heredera no legítima”, pero afirmando ante todo la fe en él. Es aquí cuando Jesús ve en ella auténtica fe y cumple su pedido.
Lo único que sana es la fe, lo único importante para Jesús es lo que hay en el corazón, de lo cual habla la boca, no importa su pertenencia a una tradición, religión, grupo, sino su actitud humilde y de amor ante Dios, a quien reconoce como único Señor.
La pertenencia a una religión, o incluso la pertenencia a ninguna religión, no es un límite para la acción de Dios, el creernos poseedores de Dios, dueños de él, únicos herederos de la Salvación y la felicidad no solo es un error sino hasta un atentado a la voluntad del Padre que quiso instaurar un Reino universal, es decir para todos.
Ninguna religión puede abogarse el derecho absoluto sobre Dios, por más prácticas pietistas que posea, sino que en todas Dios está presente y actúa de formas diversas, enriqueciendo su presencia en un mundo cada vez mas plural. Es, sin embargo, el hombre quien necesita de este diálogo objetivo con Dios que no termine en mero auto-diálogo consigo mismo, y por ellos recurre el Templo.
Reconocer al hermano de otra creencia como tal, respetándolo y amándolo a ejemplo de Jesús con la cananea es nuestro mayor desafío, el diálogo ecuménico e interreligioso es una necesidad para la construcción del Reino, esto no significa resignar nuestra fe, negar nuestra Verdad, sino todo lo contrario, convertirla en acción, practicarla. Es nuestra verdad la que nos lleva el encuentro y al amor con el prójimo, aún en las diferencias, pues es allí donde queda manifiesto el auténtico espíritu católico, y de donde salimos fortalecidos y edificados por el otro.-
EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA
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